Por el Mono de la Pila
Tenemos el derecho de quejarnos:
La RAE define la acción de quejarse como la manifestación de "disconformidad con algo o alguien". ¿Podríamos decir entonces que como personas nos atañe un derecho especial a expresar abiertamente nuestro descontento hacia las situaciones adversas que nos pudieran ocurrir a diario? Me anticiparía a responder que si.
Y es que a mi entender tenemos dos alternativas:
1. Que las cosas se hagan mal, que se incumplan las reglas del juego, que se desconozcan y vulneren abiertamente nuestros derechos, y escoger quedarnos callados sin hacer nada al respecto; o
2. Exigir que ocurra lo contrario.
En el quehacer diario siempre tenemos noticias de alguien (cuando no porque nos ocurre a nosotros mismos) expresando entre amigos o familia su disgusto por el trato que se le ha dado en empresas, establecimientos de comercio, instituciones públicas, gubernamentales, académicas o de cualquier otra índole, sin que haya más remedio para ello que callar y pasar entero.
Infortunadamente en nuestro país (a diferencia de otros) no existe una cultura correcta del reclamo o de la queja. Por eso como clientes o usuarios insatisfechos pasamos la mayoría de las veces simplemente inadvertidos. Tanto nos acostumbramos a ello que aprendimos incluso a usar cotidianamente un término acuñado por la tradición y cargado del humor negro que nos identifica: "A quejarse al Mono de la Pila".
Quienes piensan que el Mono de la Pila es uno de esos seres fantásticos que comparte la esencia del Coco o del Ratón Pérez, se equivocan. El Mono en verdad existió... y existe.
Ya no descansa sobre un pilar en una fuente del centro de Bogotá como en tiempos de la colonia, no. Ahora es el "Mono de la web", una excusa para hacer aún más legítimo nuestro derecho y deber de quejarnos cuando quienes tienen que hacer las cosas bien, prefieren hacerlo a las patadas.
Que "El Mono de la Pila" sea una herramienta de desahogo, que podamos a través suyo sacarnos el enfado que llevamos dentro. Puede que las cosas no se vayan a corregir o a tener arreglo así no más, pero al menos que tengamos la oportunidad de quejarnos ante alguien, que podamos hacer realidad nuestro derecho fundamental a expresarnos.
Bienvenidas y bienvenidos todas y todos al Mono de la Pila... si se quieren quejar, ya lo saben, este es el lugar.
La RAE define la acción de quejarse como la manifestación de "disconformidad con algo o alguien". ¿Podríamos decir entonces que como personas nos atañe un derecho especial a expresar abiertamente nuestro descontento hacia las situaciones adversas que nos pudieran ocurrir a diario? Me anticiparía a responder que si.
Y es que a mi entender tenemos dos alternativas:
1. Que las cosas se hagan mal, que se incumplan las reglas del juego, que se desconozcan y vulneren abiertamente nuestros derechos, y escoger quedarnos callados sin hacer nada al respecto; o
2. Exigir que ocurra lo contrario.
En el quehacer diario siempre tenemos noticias de alguien (cuando no porque nos ocurre a nosotros mismos) expresando entre amigos o familia su disgusto por el trato que se le ha dado en empresas, establecimientos de comercio, instituciones públicas, gubernamentales, académicas o de cualquier otra índole, sin que haya más remedio para ello que callar y pasar entero.
Infortunadamente en nuestro país (a diferencia de otros) no existe una cultura correcta del reclamo o de la queja. Por eso como clientes o usuarios insatisfechos pasamos la mayoría de las veces simplemente inadvertidos. Tanto nos acostumbramos a ello que aprendimos incluso a usar cotidianamente un término acuñado por la tradición y cargado del humor negro que nos identifica: "A quejarse al Mono de la Pila".
Quienes piensan que el Mono de la Pila es uno de esos seres fantásticos que comparte la esencia del Coco o del Ratón Pérez, se equivocan. El Mono en verdad existió... y existe.
Ya no descansa sobre un pilar en una fuente del centro de Bogotá como en tiempos de la colonia, no. Ahora es el "Mono de la web", una excusa para hacer aún más legítimo nuestro derecho y deber de quejarnos cuando quienes tienen que hacer las cosas bien, prefieren hacerlo a las patadas.
Que "El Mono de la Pila" sea una herramienta de desahogo, que podamos a través suyo sacarnos el enfado que llevamos dentro. Puede que las cosas no se vayan a corregir o a tener arreglo así no más, pero al menos que tengamos la oportunidad de quejarnos ante alguien, que podamos hacer realidad nuestro derecho fundamental a expresarnos.
Bienvenidas y bienvenidos todas y todos al Mono de la Pila... si se quieren quejar, ya lo saben, este es el lugar.




















